viernes, 25 de mayo de 2012

primero


Bajó las gradas como siempre, tenía frío, sus manos eran rascacielos que decidí escalar, días incompletos con abrazos que jamás sirvieron para nada.

Diez segundos de silencio, "la luz que allá se ve no es la luna" dijo mientras se acercaba a mi mejía, "pero podemos ser nosotros" aclaré cuando tocaba los pedazos de sus labios tiernos. Tropezamos. Tropezar siempre debería ser un ejercicio en la boca de los otros, sentir amor por lo que se traiciona, decir adiós y esperar a que las noches vuelvan a ser nuestras.

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