Solía dormir tarde, ver el cielo y caminar con la mirada
baja. Por alguna razón trataba de escribir poemas parcos al inicio de las
fiestas y en las salas de espera. Siempre empezaban con tu nombre y alguna
imagen blanca. Te pudiste llamar el sueño
de los solitarios, corazón de tiza, te
hubiera preguntado en el final de cualquier noche por qué lado del cielo se
escapa la luna y de tu cuello hubiese amanecido todo cuanto necesitase un mundo
para seguir existiendo. Que feroz fue tu latido, con que fuerza pudimos
estrechar las manos, cuantas tardes me dejaste desoladas. Pero al final llegaste con el rubor de boca
que añoré siempre y pregunto de que asfixia vendrá tu beso. Por si acaso, he colgado
flores en la tumba de este hombre que no ha dejado de esperarte.
me dicen carlitos
domingo, 13 de julio de 2014
lunes, 12 de mayo de 2014
calle de piedra
Me gusta tanto que me da miedo, le contesta a Rita cuando ella le
pregunta si no se siente bien a su lado.
Minutos después, Estrella Morente canta
aroma de dulce renacer vuelo
del alma que añora momento divino y
yo sigo buscándote. Quién podrá salir del corazón con las ventanas cerradas, de
qué aire oxigenaré mi diástole, de qué atardecer dibujaré paisajes, por qué diluviarán
estas pupilas:
evitaré
incendiarme, nada sabes apagar
luces | puños
llamas en
la mente de quien piensa siempre
¿a quién si
tú dejaste de existir hace estaciones?
Rita camina descalza y sin
decir adiós cierra la puerta. Yo tampoco entiendo nada del silencio.
jueves, 10 de abril de 2014
[sin nombre]
Canta canta mueve
los labios imitando mi palabra sin saber que dice y trata de decir que en tu
corona vuela un ave, crece la luz, existe un sol más limpio. De tu nombre, que
cae, resguardaré lo que el tamaño de mis manos lo permita: tu rostro la humedad
las uñas negras. Canta mientras canto
canta / que del temor de nuestra
vista crezcan nuevas vidas anidadas al silencio de las voces y se vuelva
realidad el infinito donde en
silencio solo sé mirar tus ojos.
jueves, 3 de abril de 2014
la lluvia
La primera lluvia del año y camino a casa una pareja bailaba mientras las gotas nos golpeaban fuertemente a un costado de un centro comercial. Sin música. Apretaban sus manos y ella movía la cabeza. Solo supe sonreír ante tal acto de amor. Minutos antes -quizá horas- también había lluvia. Encontré a Lourdes y luego de un abrazo atravesamos la ciudad para tomar algo. Entre el tráfico pensé en como los momentos especiales de la vida se diluyen mientras la aspereza sigue atravesándome el pecho, la cabeza, el sueño. Hablamos de lo que pasa cuando el silencio daga, seguimos siendo lo mismo y no hemos aprendido a vivir sin los otros. Soy de esas personas que siempre tiene que decirle adiós a lo que quiere y no he aprendido a hacerlo. ¿Te acordás de aquellos días donde parecíamos eternamente felices? Jamás han vuelto. Siempre que camino solo pienso en que voy a escribir el resto de mi vida, y cuando el resto de la vida es una hoja en blanco mi cabeza estalla. El mundo estalla, las paredes, las personas, las sinfonías estallan. Después de buen rato volvimos a hacer planes, como nunca separarnos y visitar otros lugares donde podamos volver a conocernos. Quiero contarte que de tantas manos que he tomado ninguna ha tenido la fuerza de unas manos con anillo. De ese instante especial también me queda lo que se diluye y la aspereza. Quiero saber que llegará después. Considero necesario disociar que los momentos especiales son momentos definitivamente bellos, porque son momentos fuertes. Lourdes sonrió. La acompañé a su vehículo y seguía lloviendo. Camino a casa una pareja bailaba mientras las gotas nos golpeaban fuertemente a un costado de un centro comercial. Sin música. Sin flores.
viernes, 28 de febrero de 2014
tres puntos en el cielo
Sus ojos son el libro
más buscado.
Demasiado tarde
lo has entendido, pero
no importa.
En el sueño vuelves
a estrechar sus manos,
y ya no pides nada.
Roberto Bolaño
I
Tres
estrellas brillantes hacen una línea imperfecta cerca del origen del cielo, y
ella sonríe porque sabe que la luz se genera, verdaderamente, de la fuerza que
sus dedos hacen en mi palma. Nos tomamos y sus ojos son imágenes de amor que no
se mueven nunca.
II
Sus
ojos se rasgan y en el fondo miro mi silueta cargada de esperanza. Se queda
precisa, silente y dice cosas que no entiendo.
III
De
las cosas que no entiendo está el por qué mueve la cabeza y niega algo que
nunca sale de su boca. Su boca. El aroma. El sonido único de la maravillosa
orquesta de sus pasos cuando sube las gradas cual si fueran perfectas cadenas
de violines. Vuelve a sonreír pero baja la mirada.
IV
Hace
tiempo que esperaba esto. ¿Qué es? Con los ojos cerrados y cantando, el costado
diestro de mi dedo índice toca su rostro y empezamos a volar.
V
Esta
melodía que es fondo, los anillos y un beso que se lanza en la ciudad de los
perros. Despertaré mañana convencido de que la ternura existe y puede llegarnos por contagio.
VII
Si
al volver a la vida recorre un camino donde la luz es poca y la calle sucia,
dónde la muerte puede esconderse de nosotros y debajo de la piel existe la
certeza de que no amanecerá nunca, sabrá que ya he caído. En esos pasos y en mi
miedo han crecido sus flores favoritas.
VIII
No
sé decir nada del momento. No sé decir si el mundo nace de los ojos rasgados.
No sé decir si las constelaciones son la parte más intensa de sus párpados. Sé
decir, en cambio, que si la miro de cerca creo cielos, música y cristales.
Luego me pregunto quién seré mañana.
jueves, 26 de diciembre de 2013
constelación
(Claudio Valencia)
Los instantes pasan,
ruidosos,
y en mis oídos tú
estás muda.
Las estrellas
descienden y caen,
pero tú te detuviste
en mis ojos.
Tu sabor, como el
silencio en una gruta,
flota enfriándose en
mi boca.
Attila József
Yo te contestaba
que en el cielo
podía leer tu nombre
[…]
Alguien me ha dicho
en secreto que la primavera vuelve
Jorge Teillier
Busco, de nuevo, el momento donde apreté mi brazo derecho
y levanté la mirada:
A pocas horas del
amanecer, Orión siempre es visible
Y de ese cúmulo abierto prefiero la fracción de cielo
donde podría dibujar su nombre
y el fuego eche a volar la oscuridad de nuestras manos
Mientras camino, algo en mi empieza a construirse
las estrellas caen
bajo la cabeza: la mujer del sueño
que conocí hace meses
ha cambiado y su
nombre no es el mismo
pero sonríe
daría algún amanecer por repetir ese momento
su brazo bajo mi brazo
y algunas palabras tiernas que nunca deben pronunciarse
aunque todas las
estrellas cayeran
yo no tendría
ningún deseo que pedirles
1
jueves, 7 de noviembre de 2013
Juan Miguel
Lo conocí
en 2010, en la presentación del libro de Marvin García no somos los mismos, me
hablaba del desarrollo cultural, de que apostándole a cosas grandes
conseguiríamos cosas grandes y de soñar. Juan Miguel era un soñador, un ganador
de apuestas, un amigo de todos. Entre otras cosas su labor fue
fundamental para el sector cultural y abrió un camino ancho para las
generaciones que venimos. Un hombre humilde y ¡Púchica!, cómo no mencionarlo,
de gran corazón. Hace unas semanas su salud empezó a complicarse de manera
grave y todas las personas del círculo volcaron a él su apoyo, logré escribirle
algunas líneas que después fueron contestadas en un vídeo donde nos
demostró su fuerza: tenías razón, Juanmi, la dosis de amor logró curarte, estás
en paz.
Recién me
entero que partió y me siento triste. Se ha ido de nuestro lado un gran ser
humano y a quien todos admiramos tanto. Solo me toca desearle siempre lo mejor
y agradecerle lo que dijo a mi madre cuando lo despedí en ese abril, hace tres
años:
“El apoyo es fundamental. Dejen que sea lo que
quiere ser y que luche por eso, así logrará cosas grandes”
Te vamos a
extrañar, guerrero, pero vamos a celebrar tu vida.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
