domingo, 13 de julio de 2014

de la agonía del tiempo



Solía dormir tarde, ver el cielo y caminar con la mirada baja. Por alguna razón trataba de escribir poemas parcos al inicio de las fiestas y en las salas de espera. Siempre empezaban con tu nombre y alguna imagen blanca. Te pudiste llamar el sueño de los solitarios, corazón de tiza, te hubiera preguntado en el final de cualquier noche por qué lado del cielo se escapa la luna y de tu cuello hubiese amanecido todo cuanto necesitase un mundo para seguir existiendo. Que feroz fue tu latido, con que fuerza pudimos estrechar las manos, cuantas tardes me dejaste desoladas.  Pero al final llegaste con el rubor de boca que añoré siempre y pregunto de que asfixia vendrá tu beso. Por si acaso, he colgado flores en la tumba de este hombre que no ha dejado de esperarte. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario