Sus ojos son el libro
más buscado.
Demasiado tarde
lo has entendido, pero
no importa.
En el sueño vuelves
a estrechar sus manos,
y ya no pides nada.
Roberto Bolaño
I
Tres
estrellas brillantes hacen una línea imperfecta cerca del origen del cielo, y
ella sonríe porque sabe que la luz se genera, verdaderamente, de la fuerza que
sus dedos hacen en mi palma. Nos tomamos y sus ojos son imágenes de amor que no
se mueven nunca.
II
Sus
ojos se rasgan y en el fondo miro mi silueta cargada de esperanza. Se queda
precisa, silente y dice cosas que no entiendo.
III
De
las cosas que no entiendo está el por qué mueve la cabeza y niega algo que
nunca sale de su boca. Su boca. El aroma. El sonido único de la maravillosa
orquesta de sus pasos cuando sube las gradas cual si fueran perfectas cadenas
de violines. Vuelve a sonreír pero baja la mirada.
IV
Hace
tiempo que esperaba esto. ¿Qué es? Con los ojos cerrados y cantando, el costado
diestro de mi dedo índice toca su rostro y empezamos a volar.
V
Esta
melodía que es fondo, los anillos y un beso que se lanza en la ciudad de los
perros. Despertaré mañana convencido de que la ternura existe y puede llegarnos por contagio.
VII
Si
al volver a la vida recorre un camino donde la luz es poca y la calle sucia,
dónde la muerte puede esconderse de nosotros y debajo de la piel existe la
certeza de que no amanecerá nunca, sabrá que ya he caído. En esos pasos y en mi
miedo han crecido sus flores favoritas.
VIII
No
sé decir nada del momento. No sé decir si el mundo nace de los ojos rasgados.
No sé decir si las constelaciones son la parte más intensa de sus párpados. Sé
decir, en cambio, que si la miro de cerca creo cielos, música y cristales.
Luego me pregunto quién seré mañana.
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