jueves, 3 de abril de 2014

la lluvia

La primera lluvia del año y camino a casa una pareja bailaba mientras las gotas nos golpeaban fuertemente a un costado de un centro comercial. Sin música. Apretaban sus manos y ella movía la cabeza. Solo supe sonreír ante tal acto de amor. Minutos antes -quizá horas- también había lluvia. Encontré a Lourdes y luego de un abrazo atravesamos la ciudad para tomar algo. Entre el tráfico pensé en como los momentos especiales de la vida se diluyen mientras la aspereza sigue atravesándome el pecho, la cabeza, el sueño. Hablamos de lo que pasa cuando el silencio daga, seguimos siendo lo mismo y no hemos aprendido a vivir sin los otros. Soy de esas personas que siempre tiene que decirle adiós a lo que quiere y no he aprendido a hacerlo. ¿Te acordás de aquellos días donde parecíamos eternamente felices? Jamás han vuelto. Siempre que camino solo pienso en que voy a escribir el resto de mi vida, y cuando el resto de la vida es una hoja en blanco mi cabeza estalla. El mundo estalla, las paredes, las personas, las sinfonías estallan. Después de buen rato volvimos a hacer planes, como nunca separarnos y visitar otros lugares donde podamos volver a conocernos. Quiero contarte que de tantas manos que he tomado ninguna ha tenido la fuerza de unas manos con anillo. De ese instante especial también me queda lo que se diluye y la aspereza. Quiero saber que llegará después. Considero necesario disociar que los momentos especiales son momentos definitivamente bellos, porque son momentos fuertes. Lourdes sonrió. La acompañé a su vehículo y seguía lloviendo. Camino a casa una pareja bailaba mientras las gotas nos golpeaban fuertemente a un costado de un centro comercial. Sin música. Sin flores.

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